Algunos nombres o denominaciones no se han elegido con fortuna: las marcas Vicks, Calpis, Sega, Ford Pinto, Puffs y Nokia Lumia han generado controversias sexuales, mientras que Bimbo, Microsoft Zune, Clairol Mist Stick, Pschitt, Toyota MR2 se han asociado a desagradables expresiones vulgares. “Aggresive” en inglés no equivale a “agresivo” en castellano,  así como un notario anglosajón tiene poco que ver con un notario español, y por tanto “Prompt Engineering” no expresa lo que su traducción literal parece indicar (como ya adelanté en mi corto artículo “Respira profundamente…”).

Yo preferiría que “Prompt Engineering” se denominara, simplemente, “AI Prompting” como expresión de la interrogación precisa y optimizada a modelos de lenguaje. Pero al igual que ocurrió con el teléfono móvil (que en realidad debería haberse denominado “teléfono personal”), “Prompt Engineering” ha venido para quedarse -al igual que el un tanto desafortunado nombre dado al RAG. E intento acostumbrarme; sin más.

Por lo anterior, nuestro curso de AI Prompting, para ser entendido bien por nuestros clientes, ha vuelto a denominarse “Ingeniería de Prompts: El Curso Definitivo para ChatGPT 4”.  Y, obviando lo que tiene que ver el nombre, éste es un buen momento para ponderar de nuevo lo que son buenas prácticas en AI Prompting y lo que no. Porque tras la publicación por parte de OpenAI de su propia Guía Práctica de Prompt Engineering, no se entiende que una formación sobre esta materia no incorpore los principios detallados en la guía y su correspondiente chequeo en Playground.

Estamos ya casi al final de un año que tecnológicamente ha resultado fascinante y prometedor. Así que también es momento de reflexionar sobre nuestras próximas acciones para el año que se avecina. Y formarnos es, sin duda, una buena acción 😊.