La reciente propuesta de desistimiento por parte de la Junta de Andalucía de su proyecto millonario de “traducción al castellano simple” de la jerga administrativa parece indicar una sola cosa: independientemente de cómo acabe este asunto, la evidencia del enorme avance que suponen las IAs generativas ha permeado en proyectos en marcha y ha ocasionado la re-evaluación no sólo de sus resultados, sino especialmente de sus costes de producción y mantenimiento.

En una visión policial, el avance de las AIGs sería como el luminol que visibiliza la “sangre” en los actuales proyectos. En una visión cinematográfica, muchos de estos proyectos serían vampiros (están muertos, pero andan) o zombis (están muertos y no lo saben), así que bien hay que clavarles una estaca en el corazón o dispararles en la cabeza (según enseñan las películas al uso). En una visión simplista, por último, en muchos proyectos, simplemente, habría que retroceder y/o abandonar. Pero ninguna de estas visiones es práctica.

La realidad es que la constatación de que las IAGs vinieron para quedarse nos debería forzar tanto a repensar los marcos de los nuevos proyectos como, sobre todo, a re-evaluar el alcance y contenido de los proyectos en marcha, en cualquier fase de desarrollo en que se encuentren, produciendo los siguientes escenarios RIP:

  • Reformulación y reinicio (reboot) del proyecto completo conceptuado desde la IAG
  • Injerto de IAG en áreas y/o secuencias optimizables del proyecto.
  • Postproducción AIG para la envoltura del proyecto tras su terminación.

Estos tres escenarios han de valorarse en producción y mantenimiento, tras lo que se les comparará con el escenario actual del proyecto en curso. Y ya está.

¡Alto ahí! ¡Nada de eso! En verdad no le hemos puesto el cascabel al gato. Porque lo verdaderamente difícil no es comparar los escenarios, sino… ¡montarlos! Y para esto hace falta conceptuar de nuevo el proyecto desde diferentes perspectivas, lo que implica que el análisis debe ser revisitado, y el diseño prácticamente rehecho, además de insertar nuevos esquemas de costes (tokens, devops especializados, etc.), con la posibilidad de que la re-evaluación supere en costes informativos al resto a pagar del proyecto heredado.

Una mejor solución sería preguntarle a un Analista de Dominio IA (AIDA) -o a un equipo de AI Domain Analysts- para que evaluara los puntos de corte en cada opción:

  • Reboot: Aplicabilidad > 80% | Ejecución < 40%
  • Injection: Aplicabilidad > 40% | Ejecución < 60%
  • Postproduction: Aplicabilidad > 15%

La “aplicabilidad” equivale a la evaluación del porcentaje de aplicación directa de la IAG en la totalidad del dominio del proyecto. La “ejecución” se refiere a la proporción del proyecto ejecutado hasta el momento de la evaluación. Por otro lado, un AIDA es un profesional que aúna:

  • Experiencia en el dominio de la subactividad empresarial sobre la que se aplica el proyecto (cadena de aprovisionamiento, gestión reputacional, servicio a clientes, etc.).
  • Experiencia en el análisis de sistemas empresariales y en su traslación iterativa e involutiva al ciclo de vida de producción de software.
  • Capacidad en la aplicación e inserción de arquitecturas IA en proyectos heredados.

Otra opción evaluativa sería la consideración de costes del proyecto completo utilizando verticales comerciales de dominio AIG (cuya presencia en el mercado es cada vez más profusa, lo que merece también un artículo aparte) y su comparación -producción y mantenimiento- con los datos del proyecto actual, lo que ofrecerá un resultado que aunará a los elementos anteriormente visitados el de madurez tecnológica.

En cualquier caso, los proyectos en marcha susceptibles de mejoras relevantes mediante la aplicación de IAGs, deberían al menor ser meta-evaluados para determinar si su análisis detallado RIPP (Requiesce in Pace, Projectum!) vale la pena en términos de coste-efectividad.