Los agentes IA intermediarios B<>C van a cambiar la estela, el contenido y la facturación de muchísimos servicios profesionales en 2023, como era de esperar, visto el auge, la extensión y el desarrollo marginal de aplicaciones basadas en LLMs. Pero, ¿qué son y en qué consisten estos agentes intermediarios? Sigue leyendo.

2024 es el año de los agentes IA personales. Y también un año de muchas más cosas, claro; pero los agentes personales de inteligencia artificial prometen acercar a los usuarios al sueño de tener a un ente razonador y memorioso cerca de sí, sujeto también al exceso y, literalmente, “a lo que ellos deseen”, como si del Genio de la lámpara se tratara.

Mirándolo con cierta perspectiva, estos agentes (no del todo maduros aún) suponen una evolución importante (pero evolución, al fin) sobre los asistentes personales que han poblado la domótica de nuestras casas y coches, a través del teléfono móvil o de dispositivos dedicados: Alexa, Siri o Hey Google ya forman parte de nuestras vidas. Así que ahora se trata no de que sean más listos, sino de que no sean tan tontos; o, mejor: que estén diseñados a prueba de tontos (porque todos tenemos momentos malos, pocos o muchos).

Tomemos como ejemplo los servicios jurídicos privados. Lo importante de los nuevos agentes es que se constituirán en el puente paralegal (y aquí entrarán en consideración aspectos de apercibimiento sobre esta condición, restricciones de aseguramiento de la protección y privacidad, cláusulas de descargo y otras muchas… todavía a desarrollar) entre clientes y abogados, dándole al cliente un acceso sin límite a un e-pasante especializado en sus casos, a la vez que facilitará a los abogados la interacción con sus clientes sin necesitar de encuentros puntuales de comunicación.

En este ejemplo no habrá discusión sobre dónde almacenar los documentos confidenciales y sus interpretaciones; como tampoco habrá disputa sobre cuántas veces puede molestar un cliente a su agente legal (que ahora será un agente IA entrenado por el bufete y mejorado por su interacción con el cliente).

El agente reportará al bufete el estado emocional previsible del cliente (por sus interacciones) y, además, perfilará las acciones a desarrollar, enlazadas con las proyecciones legales de sus casos. Por otro lado, el mismo agente informará al cliente puntualmente sobre las acciones desarrolladas o en proyecto (lo que no se cuenta no existe y no será facturable).

De una forma cierta, profesionales/empresas y negocios se acercarán mucho más y se potenciará la fidelización (¿quién cambiaría de agente paralegal entrenado y habituado a ti, con tanto esfuerzo tuyo como del bufete que te representa?) que ya no dependerá de los cambios de personal en clientes o en los mismos profesionales. De alguna forma, estos agentes, al ser eternos, perpetuarán también la relación comercial entre empresa y clientes.

¿Cómo se generan y entrenan estos agentes intermediarios? Y, más importante aún, ¿Cómo se aseguran los límites de control, las restricciones de acceso, la privacidad segmentada de clientes y empresas (abogados, en nuestro ejemplo)? ¿Y cómo se integran las conversaciones paralegales -y su interpretación de comportamiento y sesgo- con el expediente jurídico y las relaciones empresa-cliente? Dejémoslo para un siguiente artículo.