Al empezar un nuevo año emerge, poderosa, la tentación de pronosticar qué va a pasar. Pero, claro, eso es más bien asunto de adivinos y mixtificadores, pues en realidad tan sólo podemos ver qué ha pasado durante el anterior año 2023, qué tendencias se han dado en diciembre y, simplemente, anunciar la continuación de esas tendencias ya apuntadas o, también, establecer que se van a debilitar y agostar. Con la IA algunos analistas han adoptado el enfoque pesimista: “hemos llegado al punto máximo de desarrollo de las IAs generativas” (punto que, curiosamente, es el mismo que sostienen los optimistas), y así Gartner anunció en agosto-23 una oleada de proyectos IA fallidos que supuestamente anticipaba un posible retraimiento de la inversión en IA y, por tanto, una disminución del número de proyectos a abordar en 2024. Claro que Gartner no aclaraba cuál era la fuente de esos datos, y el más reciente artículo “Generative AI in the Enterprise”, de O’Reilly Media, rebaja un tanto el adjetivo de “fallidos” y lo hace equivaler a “resultados erróneos”, muy en la línea del control de alucinaciones en proyectos de IA generativas. El caso es que las predicciones anuales forman parte del ritual navideño, pero pese a que Oscar Wilde decía que “la mejor manera de evitar la tentación es caer en ella”, voy a retener los impulsos de pronosticar y me voy a decantar, más bien, por comentar una visión ajena que augura proyecciones con las que, en buen grado, estoy de acuerdo.

Hace tiempo (más de 25 años) que tengo un ojo puesto en los trabajos, libros, artículos y opiniones de Daniel W. Rasmus, talentoso y muy sensato estratega empresarial, uno de cuyos últimos artículos, “Future of Work Forecasts 2024: Driving Forces Shaping the Future of Work in the Next 12 Months”, publicado el 28/12/23, merece la pena ser, parcialmente al menos, desgranado y comentado. Veamos lo que pronostica Rasmus y lo que opino yo:

  • Disminuirán los costes de IA para usuarios y se incrementarán los de los suministradores: Dada la carrera emprendida por empresas e instituciones para liberar en el mercado LLMs soberanos, se prevé una carrera similar a la emprendida por las empresas de streaming para captar usuarios: abaratamiento de precios y ampliación de los plazos de recuperación de las inversiones. La constancia de esta competición, debilitadora para sus postores, empujará una pléyade de guerrillas IA por parte de compañías de nicho para hacerse con masas de usuarios IA.
  • La gobernanza será una importante parte de la IA y de la discusión sobre datos: la gobernanza del dato pondrá en valor la preparación de la empresa para abordar de forma eficaz el uso de la IA, estableciendo marcos de comprensión alineados con su estrategia orientada-a-negocio.
  • Se redefinirá la transformación digital: no se trata tan sólo de digitalizar las empresas integrando sus procesos con tecnología, sino de aplicar nuevos paradigmas de interacción, colaboración y supervisión propulsados por las IAs. Los roles de consultoría asociados a la transformación digital tendrán que ser profundamente renovados… o cambiados.
  • La carencia de auténtico talento IA recortará su adopción: tras un año 2023 de locura en el que “todo es IA, en cierto modo”, se empezará a separar la paja del grano y se revelará la falta generalizada de talento en la aplicación de la IA a la empresa, más allá de “ingenieros de prompts”, apasionados del bricolaje Open y operarios de reformas IA (toque aquí, toque allá y voilà: IA a su servicio). En el plano técnico harán falta especialistas en estrategias RAG para modelos de negocio concretos, equipos talentosos para abordar el fine tuning de modelos genéricos potentes sin cercenar sus capacidades y analistas de la semántica del negocio; en el plano tecnológico-empresarial se necesitarán estrategas IA, lideres de gestión Agile-2, consultores de dominio y AI data translators.
  • La IA alcanzará su techo de cristal: es probable que la IA se “corporativice” de parecida forma a lo que ha ocurrido con la calidad, tecnología en general o la seguridad. Esta asignación ejecutiva probablemente originará una pérdida del valor de infusión de la IA en las empresas, asimilándola más bien a un eje transversal con objetivos propios supeditados a los generales de cada compañía.
  • Se refocalizará el interés en los datos: aparecerán nuevos interfaces IA para los datos heredados de las empresas, a la vez que se reforzará la re-organización de los datos corporativos para tornarlos útiles, en conjuntos de datos orientados-a-IA, para asimilarlos a estrategias RAG o como datos de entrenamiento para el refinamiento de los LLMs.
  • Las regulaciones IA seguirán sin dientes: La IA Act europea pretende llenar varios vasos vacíos, pero fundamentalmente dos: el del deseado liderazgo mundial de la regulación (siguiendo la estela del RGPD) y el del definitivamente perdido liderazgo comercial tecnológico; así que se centra en la regulación de la aplicación de la IA, favoreciendo a la vez el desarrollo de iniciativas IA OPEN para atraer y retener en Europa, con marcos regulatorios coercitivos para su competencia comercial, parte de esta pulsión. El resto, la regulación real, irá todavía muy por detrás del rapidísimo avance de la tecnología.
  • La IA responsable se expandirá para incluir a otras tecnologías: la IA no operará como un superconjunto tecnológico, sino que más bien influirá en la relación entre tecnologías revolucionando los esquemas de uso e interoperabilidad entre éstas. Las arquitecturas de interconexión cambiarán y se facilitará sobremanera la integración entre sistemas dispares (lo que incluye, de retruque, la transformación digital de los sistemas corporativos heredados).

El informe de Daniel W. Rasmus incluye más predicciones que les sugiero lean directamente, sin mis interpretaciones. Eso sí: no se pierdan los pronósticos -que comparto totalmente- sobre la industria millonaria de las apuestas online y el advenimiento de nuevos mercados NSFW. Ahora toca trabajar para hacer realidad todas las anteriores predicciones, porque “la mejor forma de predecir el futuro es creándolo” (Alan Kay).